En relación con la ciudad de Passau el presbyteriano Lucillus esta conocido como confidente y colaborador del Santo Severino.
Lucillus ha hecho mucho por el regreso de prisioneros a Passau: desde los años sesenta hasta los años setentas d.C. Batavis/Boiodurum (Passau) estaba devastado por varios tribus germanicos, especialmente por los Alamannes. Durante sus ataques los tribus no solamente robaban sino secuestraban varias ciudadanos y los retenían en sus territorios. Pero Eugippius nos cuenta que Gibuld, el rey de los Alamannes, adoró San Severino por su afición a Dios. Después de un encuentro entre el Rey y San Severino, el rey le ofrecé un deseo y San Severino pidió al rey que el ponara en libertad los prisioneros de Passau y que no acabara con su lucha contra los territorios romanos. Era Lucillus, quién fue a los Alamannes para buscar los prisioneros de Passau.
Lucillus celebró el velatorio del San Severino y disponía la conducción de su cuerpo a Italia: según Eugippius San Severino ha predicho el día de su muerte a Lucillus dos años antes y ha pedido a él que celebrara su velatorio. En el año 488, seis años después del sepelio del San Severino, los Romanos abandonaron Noricum el territorio entre Passau y Viena. Lucillus, quién era abad de la parroquia de Severino, ordená que se abrara la sepultura del San Severino para llevarse su cuerpo a Italia. Según Eugippius el cuerpo del San Severino estaba casi sano y salvo
elaborado por: Stefanie Paulus
traducido por: Heinrich Frömsdorf
(17.8.2004/26.1.2005)